Tres expresidentes del Congreso. Dos exministros. La mano derecha del presidente. Presos, en juicio o prófugos.
El gobierno Petro llegó al poder con una bandera única, repetida en mítines y entrevistas: limpiar el Estado. Hoy, después de cuatro años, el organismo internacional más prestigioso en la materia documenta lo contrario.
Calificación de Colombia en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025. El mismo nivel que teníamos en 2014.
Transparencia Internacional · febrero de 2026
El Índice de Percepción de la Corrupción no es una encuesta de opinión: es la consolidación de trece fuentes independientes —Banco Mundial, Foro Económico Mundial, World Justice Project, entre otras— que califican la corrupción del sector público de 182 países en una escala de 0 (muy corrupto) a 100 (muy transparente).
Colombia venía mejorando lentamente: de 36 puntos en 2013 había llegado a 40 puntos en 2023, el máximo histórico de la última década. Bajo Petro, esa línea de ascenso se quebró. En 2025 caímos a 37 puntos. El mismo nivel que teníamos en 2014.
Y peor: en el ranking global, Colombia retrocedió siete puestos en un solo año —del 92 al 99 entre 182 países—. Transparencia por Colombia, capítulo nacional de Transparencia Internacional, llamó al resultado «retroceso histórico». Andrés Hernández Montes, director ejecutivo de la organización, resumió el balance: «El gobierno Petro deja un balance desfavorable en materia de percepción de la corrupción».
Petro le pidió cuatro años para limpiar el país. Se los entregó usted. Se los devuelve como estaban hace once años.
El gobierno usó la entidad encargada de atender los desastres naturales para comprar votos en el Congreso. Les pagaron a los presidentes de Senado y Cámara para sacar las reformas adelante.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres —UNGRD— tiene una sola misión: atender emergencias. Inundaciones, terremotos, deslizamientos. En 2023 el gobierno la convirtió en una fuente de sobornos para comprar congresistas.
La denuncia partió de adentro. El propio subdirector, Sneyder Pinilla, confesó que entregó dinero a congresistas para que votaran las reformas del gobierno. La Fiscalía confirmó el esquema: contratos amañados de la UNGRD y de Invías servían como vehículo para el soborno.
El reguero alcanzó a la cúpula del poder político. Los dos presidentes del Congreso de ese periodo, la consejera presidencial para las Regiones, el exministro de Hacienda, el exministro del Interior y el director del Departamento Administrativo de la Presidencia —la mano derecha de Petro— terminaron presos, prófugos o capturados.
La plata para reconstruir su pueblo cuando se inunda terminó pagándole sobornos a los políticos. Por eso le suben los impuestos: para reponer la que se robaron.
Nicolás Petro, hijo mayor del presidente, fue acusado por la Fiscalía de lavado de activos y enriquecimiento ilícito. La cifra que no logró explicar: $1.053 millones de pesos en patrimonio que aparecieron de la nada durante la campaña presidencial de su padre.
Los aportantes documentados son personajes de cuidado. Entre ellos, Samuel Santander Lopesierra —el llamado «Hombre Marlboro», exsocio del Cartel de la Costa, condenado por narcotráfico en Estados Unidos— y Gabriel Hilsaca, hijo del fallecido contratista Alfonso Hilsaca, también investigado por presuntos nexos con el contrabando.
En 2025 se sumó el caso Fucoso —Fondo Colombia en Paz para la Sostenibilidad—, donde se investiga el direccionamiento de contratos públicos a través de su entorno. El círculo familiar y político del presidente quedó cercado por la justicia mientras él gobernaba.
El Consejo Nacional Electoral, después de años de proceso, votó seis contra dos el 29 de abril de 2026: la campaña presidencial de Gustavo Petro en 2022 violó los topes de gasto electoral. La sanción: $5.922 millones de pesos.
Entre los hallazgos: aportes no reportados de la Federación Colombiana de Educadores (FECODE), de la Unión Sindical Obrera (USO) y de otros gremios, además de gastos en logística y publicidad que excedieron los límites legales.
Pocos días después, el 8 de mayo de 2026, la Fiscalía dio un paso adicional: imputó a Ricardo Roa, gerente de aquella campaña y hoy presidente de Ecopetrol, por su responsabilidad en la violación de los topes electorales. Un hombre clave del círculo presidencial, al frente de la principal empresa pública del país, ahora con cargos formales por lo ocurrido en la campaña que llevó a Petro al poder.
La autoridad electoral, después de revisar cada peso, dijo lo mismo: la campaña que ganó en 2022 no jugó limpio.
Jorge Lemus, exdirector de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), sostuvo reuniones reservadas con el abogado de Diego Marín —alias «Papá Pitufo»—, el capo del contrabando de mercancías más buscado del país. Según las pruebas conocidas, le ofreció beneficios judiciales y una eventual entrega negociada.
El caso reveló también un presunto aporte de $500 millones de pesos a la campaña Petro 2022, canalizado a través de Xavier Vendrell, asesor catalán cercano al presidente. No existe constancia documentada de que ese dinero haya sido devuelto.
El jefe de la inteligencia del Estado, conversando en secreto con la defensa de uno de los criminales más buscados del país. Esa es la frase. Esa es la denuncia.
Toda esa plata que se roban no sale del cielo. Sale de los impuestos que usted paga. De los servicios públicos que no llegan. De los hospitales que se quedan sin medicamentos.
Lo que le cuesta cada año la corrupción a Colombia, según la Auditoría General de la República.
Auditoría General de la República
$50 billones de pesos al año. Para que se haga una idea: con esa cifra se podría financiar tres veces el programa de subsidios de Adulto Mayor. O construir 200 hospitales como el San Vicente Fundación de Rionegro. O pagar el salario mínimo durante un año a 3 millones de colombianos.
Y mientras tanto, contra los ministros del gobierno Petro hay 89 procesos disciplinarios abiertos en la Procuraduría.
Cada año, la corrupción se roba lo equivalente a $1 millón por cada colombiano. Por cada miembro de su familia. Por su esposo, sus hijos, su mamá. Cada año.
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